Desarollo humano

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Cuando estamos en el vientre de nuestras madres, somos motivo de felicidad o de angustia, depende de cuál sea el caso. Al menos en el mío fui engendrada por una joven de diecisiete años en su mejor etapa, su cuarto año. Ese año en el que se supone que saliera con su novio y amigas y que disfrutara de su vida, ya que pronto iba a ser adulta y tendría que asumir otras responsabilidades. Nacemos, tenemos a nuestra madre contenta,  nuestros familiares se vuelven locos  sacándonos fotos.       — “Ay pero que ternura, que porquería.” — dicen.  Nos hacen mimos, y aplauden poniendo cara de idiotas para que les hagamos caso. Somos los niños más bellos de la tierra en ese momento y todo lo que hagamos es tierno o gracioso. Dependemos de nuestras madres para absolutamente todo; para bañarnos, comer, cambiarnos en pañal, buscar los juguetes, en fin, para todo. Es una etapa muy bonita.

¡El primer año! Se gastan una millonada en el primer cumpleaños, cuando ni siquiera los vamos a disfrutar. Los tíos lejanos y las primas cacheteando en el cumpleaños cuando ni siquiera se saben nuestro nombre. Cualquier porquería que hagamos es lindo, hasta los regueros pintando. A nuestras madres se les pegan nuestros disparates y lo comparten con medio vecindario, incluso lo adoptan en su lenguaje. —“Elapi, como diría Dylan.” — dicen refiriéndose a un lápiz, por ejemplo. Cuando dicen el disparate, proceden a contarle a la gente la historia de cómo majestuosamente tomaste un lápiz y le llamaste “elapi”. Andas en las tiendas y quieres un libro de pintar, por ejemplo, y van y te compran diez, “por qué eres el nene de mami.”

¡A los tres! A los tres años nos creemos Javier Culson y Usain Bolt juntos. Corremos por todas las tiendas al escondite pasando por debajo de los percheros, tratando de meternos a la guarida secreta de Batman. ¡Tenemos tanta energía! Para luego a la noche quedarnos dormidos/as en el carro. Un día nos  levantamos bien cariñosos/as y con una crayola queremos expresar todo nuestro amor hacia nuestra madre en el mejor de los cuadros, ¡la pared! Entonces, dependiendo de cómo sea la mamá, reaccionará. Si fuese como la mía te tuvo que haber insultado luego de decir: “Qué lindo, gracias”. Tenemos un bachillerato en Artes en Comunicación con concentración en Preguntaera.

— “¿Qué es eso que tiene el perro” — preguntas.

— “Un collar.” — responden.

— “¿Y para qué?” — continúa.

— “Para identificar el perro.” — responde.

— “¿Y por qué? — pregunta.

— “Por qué si no se pierde.” — responden.

— “¿Y por qué se pierden?” — volvemos a preguntar.

— “Por qué no lo vigilan bien.” — responden.

— “¿Y por qué no lo vigilan bien?” — seguimos preguntando.

— “Por qué están ocupados.” — responde la madre.

— “¿Pero por qué están ocupados? — continuamos con la preguntaera.

— “Por qué tienen muchas cosas que hacer.” —responden.

— “¿Y por qué tie…?” —trata de preguntar, mientras la madre interrumpe.

— “¡Nene/a ya, coge un buche! ¡Qué mucho tu preguntas!” — gritan, ya cansadas.

Ya a los 6 años o 8 años nuestras amistades son bien importantes. Nos queremos vestir solos/as y escoger la ropa. Ahí es que nos damos cuenta que nuestra madre tiene unos gustos horrendos. Nos comienzan a dar tareas en la casa y ahí es cuando nos toca limpiar el cuarto. La clave del éxito es guardarlo todo debajo de la cama o en las gavetas, si podemos, en el armario. Ahí es que queremos ser una veterinaria “para cuidar a los animales”, policía “para matar a los malos”, bombero “para apagar el fuego”, mecánico “para arreglar los carros” o doctor “para ayudar a la gente enferma”.  Si nos enchismamos con mi amigo/a pues le digo: “Ya no quiero ser tu amigo”, y le doy la queja a la maestra.

Ya a los 10 años no somos  “la nena/el nene de mami”, lo que nos dicen ahora es lo mucho que fastidiamos. Ya somos pre-adolecentes y nos sentimos la sensación del bloque. Queremos ir a janguear a Walmart e ir al cine a la tanda de las 7:00PM porque mami no nos deja llegar tarde. Ahora queremos las tenis caras o la ropa de marca porque nuestros amigos los tienen. Nos comienza a importar lo que la sociedad diga de mí. Caminamos con inseguridad en la escuela, sentimos que nos miran. Los estudios son importantes para nosotros, pero no es la prioridad. Vemos a los grandes y queremos imitarlos, no queremos tener 10 años. ¡Qué vida feliz deben de tener! Comenzamos a sentir cambios en nuestro cuerpo, se acerca la pubertad. — “¿Qué nos está pasando?“ — pensamos. De pronto comienzan a hablarnos de la menstruación, el sexo, los preservativos, y todo eso. Los pechos se hinchan, nuestro cuerpo duele. Siempre andamos cansados/as y con mucha hambre, creo que estamos creciendo. Eso es bueno, creo.

Doce y catorce años, estamos en la adolescencia joven. Hemos  tenido muchos cambios físicos, mentales, emocionales y sociales. Nuestro cuerpo no es el mismo de hacen cuatro años, sentimos que hasta la voz ha cambiado. Ya no pensamos igual, las prioridades de antes no son las de ahora. Comenzamos a sentir, ya nos sentimos atraídos por una chica o un chico. No podemos pasarnos solos, debemos siempre estar con alguien hasta para que nos acompañe al baño. Nuestros amigos hablan de sexo, pero se supone que no hagamos eso, o al menos eso  nos enseñaron. ¿Qué es eso de marihuana? No comprendo, hay muchas cosas que no nos han dicho. Nuestras madres dicen que es malo, pero mis amigos lo hacen, ¿y entonces? Creo que debería probarlo, ¿o no? Nos sentimos inseguros, sentimos que somos feos o insuficientes. —  “¿Cómo me veo?”—  nos preguntamos. Tenemos que vernos siempre bien. La escuela se está volviendo un fastidio, queremos hacer otras cosas. Nuestras madres nos regañan por todo, siempre andan gritando, parecen una bocina andante. ¿Hace cuánto no saludamos a nuestros padres? Ayer ni antes de ayer la saludamos cuando llegó, ¿qué pasa? Nos están dando muchos quehaceres en casa, estamos cansados, no queremos hacer nada. Las madres nos compran un teléfono, vivimos por él y para él, somos esclavos.

Quince a diecisiete años, somos adolecentes. ¿Ésta es la vida que siempre anhelamos desde niños? Nos hubiésemos  quedado como niños. Ya mismo es la universidad, no tenemos tan buenas notas. Queremos que nuestros padres se sientan orgullosos, pero hacemos lo más que podemos. Es peor cuando uno de ellos no está. Probamos alcohol, nos gustó, ahora cada vez que salimos tenemos que beber. La marihuana agrada, algunos están en esas. Hay otros que no lo hacen, pero tienen alguna otra prioridad. Somos un asco en el amor, y cuando por fin lo encontramos hay algo. Casi no dormimos, dormimos cinco (o menos) horas diarias. Estamos depresivos, que nostalgia. Ya no hablamos con mami como antes, les contamos nuestras cosas a nuestros amigos. Hablando de ellos, casi no tenemos, todos nos han dado la espalda. Tenemos en la cabeza muchas cosas, que presión. Debemos hallar además un trabajo, ¿pero cómo? No nos dan trabajo a nosotros los jóvenes, se nos hace difícil. Los problemas en casa no se resuelven. ¡Nos queremos ir de la casa! Un día estamos bien y a la hora hay una pelea. ¿Somos nosotros o son nuestras madres?  Hacemos travesuras, nos escapamos, nos fugamos, reímos, pero la felicidad no dura tanto. Se nos olvidan las cosas rápido, siempre estamos pegados/as al teléfono. No dejamos ni cargarlo. Un día sin teléfono, es un día gris.

Tenemos veintiún años, esperamos a esta edad para ser ante la ley, completamente legales. Pensábamos que íbamos a janguear, beber y estar a lo loco, pero no. Todo lo que hacemos es pagar y trabajar, ya no tenemos vida. Estamos haciendo los ajustes para pronto mudarnos de la casa de nuestros padres, queremos independizarnos. Ya casi terminamos la universidad, ha sido muy fuerte, muchos se han quedado en el camino. Nos arrepentimos de muchas idioteces de las que hicimos. Ya maduramos. Ya casi no vemos a nuestra madre, salimos en la mañana a estudiar y regresamos en la noche del trabajo y no hay tiempo para llamarla. En esta etapa de nuestras vidas tenemos que analizar cada paso que damos, porque puede ser crucial para nosotros. Consolidamos nuestra identidad y comenzamos en la realización de nuestro proyecto de vida. Ahora entendemos muchas cosas. Tenemos pareja, pero ahora hay que sacar tiempo (del que no hay) para atenderla. Tenemos mucho más stress ahora, el apartamento, la universidad, la pareja, el trabajo, entre otros. Ya no podemos darnos los lujos que podíamos antes porque sencillamente tenemos muchos gastos y no hay dinero. Nos fuimos de nuestras casas como señal que ahora todo corre por nosotros y somos responsables como para vivir solos. Esta edad es sacrificada.

Treinta años de edad, casados y con hijos. Trabajamos, cuidamos hijos y a la pareja, y algunos siguen estudiando para su maestría y próximo doctorado. No ha cambiado tanto el stress, al revés aumenta. Tenemos de uno a dos hijos, los cuáles tenemos que mantener. No sólo hablamos de comida, ropa, la casa, la luz y el agua. Hay que recordar que implican muchos más gastos, y que si en la escuela les piden algún material para un trabajo,  por ejemplo, conlleva un gasto adicional. Si no jangueamos antes lo suficiente, no podremos ahora. Somos profesionales. Cada acción que haga tiene una consecuencia, y en este caso no sólo nos afecta a nosotros, sino que a toda nuestra familia. Nos da melancolía, ahora llamamos a nuestras madres y familia. Ahora los visitamos.

Cuarenta años, creo que ya tengo unas cuantas canas. Llevamos con nuestra pareja varios años, pero nos entra una duda. ¿De verdad lo/la amo? ¿Lo hice bien? En la década 2000- 2010 los divorcios y separaciones se incrementaron en un 51,52%. Según un estudio del INEI, el divorcio es más frecuente en personas de 40 años y la tendencia es que se divorcien más jóvenes. Nuestros hijos están creciendo, tenemos grandes expectativas de ellos. Los imaginamos como grandes políticos, abogados, doctores, actores y gente famosa. Tenemos en mente ser mejores padres de lo que fueron los nuestros, tratar de no cometer los mismos errores. La prioridad son nuestros hijos, luego nuestro esposo y el trabajo, nada más cuenta. Ya ha esta edad volvemos a tener cambios, es como empezar de nuevo la vida, pero desde otro ángulo. Experimentamos en estos años el envejecimiento en general, la menopausia, el fallecimiento de nuestros padres, o de algunos familiares. Esto es un momento de reflexión acerca de nuestra vida, ¿lo hemos hecho bien?

Sesenta y cinco años, los seres que nos vieron crecer no están. Estamos ancianos, ya casi ni salimos de nuestras casas. Nuestros hijos se la pasan quejándose y en su mundo, casi no nos buscan, están haciendo el mismo patrón que hicimos nosotros. Están rebeldes, andan en lo mismo. “Hijo fuiste, padre serás; cuál hiciste, tal tendrás”. Ahora entendemos el significado. Tratamos de enseñarles a nuestros hijos para que aprendan de nuestros errores pero son necios, se la pasan diciendo que siempre estamos gritando y peleando. No entienden que cuando un padre habla es porque lo que carga es sabiduría. Acabamos de presenciar el nacimiento de mi primer nieto. Es como si la historia se volviera a repetir muchas veces. Soy feliz. Me duele el cuerpo, estamos padeciendo de muchas enfermedades y achaques. Nuestros hijos nos dan a los suyos a cuidar, es hermoso tenerlos, pero deberían estar conscientes de que no damos para mucho. Nos sentimos enfermos.

Ochenta años, nuestro cuerpo ya no dá más, ya ni dientes tenemos. Dependemos de nuestros hijos, bueno, mientras puedan venir. Se quejan porque tienen que cambiarnos el pañal porque no podemos levantarnos de la cama. Sentimos que somos una molestia, no queremos hacerlos enojar, pero no tenemos quién cuide de nosotros.  Ya casi ni llamadas recibimos, ¿se olvidaron de nosotros? Un poco más y nos vamos, estamos agradecido por habernos permitido conocer y tener tan grande familia. Hemos sido niños, adolescentes, hemos estudiado, hemos entrado a la universidad, trabajado, tenido hijos, nos hemos casado, hemos envejecido, hemos vivido. No siento mi cuerpo, creo que me voy. ¿Qué es esa luz de allí arriba? Oups, creo que la historia se repite de nuevo.

Cuando nacemos, es una etapa muy bonita. Les contaré como comienza.

— Angélica Serrano

Glosario puertorriqueño:

  1. “Qué porquería”: se refiere cuando algo es bien tierno o cuando no es algo de gran valor
  2. Cacheteando: esa persona que gusta de las comidas y fiestas que se dan de balde, y que a la hora en punto de pagar, hace una pequeña comedia metiendo y sacando las manos en los bolsillos para que el amigo pague
  3. Disparates: dicho que no tiene razón ni sentido
  4. Reguero: desorden
  5. Preguntaera: que continúan haciendo muchas preguntas, una detrás de la otra
  6. Buche: mandar a callar a alguien
  7. Enchismarse: molesto, enfogonado
  8. Fastidiando: molestando
  9. Janguear: proveniente de “hanging out” en inglés, salir, pasear con el corillo
  10. Waltmart: corporación multinacional de tiendas de origen estadounidense
  11. Achaques: enfermedades habituales, indisposiciones

2015 ©Derechos Reservados de Sarcasmo Intelectual

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