The New Year’s Eve gift

new year

 

Flag_of_Puerto_Rico_(Light_Blue).svg (Español/Spanish)

Son cinco minutos para la media noche en despedida de año cuando de repente escuché el “bip” de mi teléfono. Me había llegado un mensaje de texto, el cuál decía: “¿Dónde estás? Estoy aquí afuera.” Me sorprendí, puesto a que no tenía grabado el número de teléfono.

 —”¿Quién eres?” — le respondí.

—”No preguntes, sólo sal afuera.” — me respondió el desconocido.

—”3, 2, 1. ¡Feliz año nuevo!”—  todos gritaban mientras se saludaban entre ellos.

—”Pero, ¿qué ocurre? No sé quién eres.” —  le escribía.

—”Por favor, sólo necesito verte por última vez.” — me respondió.

 ¡Qué extraño! Yo trataba de empujarlos y hacerlos a un lado para poder salir hacia afuera.  Hacía mucho frío. Yo tenía puesto unas botas marrones, camisa de manga larga, gorro, guantes y una bufanda. Veía una sombra aproximarse hacia mí, tenía curiosidad de quién podía ser el extraño. Mis amigos salían afuera para llamarme.

—”Rose, ven aquí. Hace mucho frío allá fuera.”—  decían.

—”Esperen un momento, ya voy.”  — les respondí. El desconocido caminaba lento hacia mí, ¡y yo me estaba muriendo de frío!

—”Hey, ¿cómo estás?” — me dijo el hombre. Era un hombre de tono de piel blanca, barba, cabello marrón con algunas canas, cuarentón, y una cicatriz en la cara.

—”Espera, ¿quién eres?” — le pregunté.

—”Yo soy John Kenneth, Rose.” — me respondió.

—”¿Cómo sabes mi nombre?” — le pregunté extrañada.

—”Nosotros te llamamos como tu abuela, que en paz descanse.”— respondió.

—”¿Cómo tú sabes de mi abuela? ¿Cómo tú sabes de mí?”— le preguntaba, con ansias de conocer la respuesta.

— “Verás, soy tu padre, Rose.” — dijo.

—”¿Mi padre? Yo nunca tuve un padre, y tampoco tengo uno ahora.” —  le contesté.

—”Sé que sonará difícil, yo nunca…” — el trató de hablar, pero lo interrumpí.

—”No sé para qué tienes la cara de venir hasta acá, hasta a mi casa. ¿Para qué vienes? Nunca te necesité y ahora menos te necesito. ¿Estuviste cuando más te necesite? ¿Estuviste en mi graduación? ¿Dónde estabas hace un año y medio que entré a la universidad? ¿Tú estuviste cuando dí mis primeros pasos, o cuando dije mis primeras palabras? No fuiste mi pareja en mi quinceañero tampoco.  Tampoco estuviste con mi madre mientras ella sufría. ¡Tú me abandonaste! ¡A ambas!” —le gritaba a John.

—“Perdóname Rose si no estuve cuando naciste, ni cuando tenía que apoyar a tu mamá. Tampoco te ví crecer, ver cuál fue tu primera palabra, cuando diste tus primeros pasos. Cuando te hiciste tu primer tatuaje para regañarte, o protegerte de los hombres como yo, que no sirven para nada. Perdóname por no estar para tí. Perdóname por no estar en tu graduación y por no acompañarte a llevar la solicitud a la universidad. Pero también te pido perdón por no poder ir a tu boda, por no terminar de ver cómo te conviertes en una mujer adulta, por no ver a mis nietos, y por desperdiciar mi vida en lujos y las ambiciones. Perdóname por no saber lo que hacía y por no ser hombre para asumir mi responsabilidad.” — terminó diciendo John, mientras me dió un abrazo, y se fué.  Me sentí mal, aunque yo  tenga la razón, no debí hablarle así. Creo que iré detrás de él para pedirle perdón. En eso, suena la alarma.

—”¡Rose, levántate! Es 31 de diciembre y tenemos que terminar la casa para la fiesta de esta noche.” — decía mi madre.

—”¿La fiesta de esta noche?” ¿Hoy no es 1ro de enero?” — le preguntaba desorientada.

—”¿De qué hablas niña? Acaba y levántate, que hasta durmiendo hablas.” — me respondió burlándose de mí.

¡Qué extraño! ¿Hoy no era 1ro de enero? Horita estaba hablando con mi padre, no entiendo nada. Creo que fue un sueño, ¡pero no, fué demasiado real!

—”Ring”—  sonaba el teléfono de la casa.

—”Hola, le habla Mary. Sí, sí, aquí vive ella. Oh, ¡no me diga eso! Está bien, yo le comunico a ella. Gracias por su llamada.” — escuché decir a mi madre.

— ¿Qué ocurre? — le pregunté.

—”Rose, tu padre murió esta madrugada. El abogado acaba de llamar para leer el testamento y necesita hablar contigo.” — dijo. Dos horas más tarde, el abogado llega y se sienta en el sofá.

— “Rose, sé que es fuerte para ti escuchar que tu padre ha fallecido, incluso aunque a penas llegaste a compartir con él. Lo siento, pero he venido aquí por que debo leerles el testamento de tu padre. El estableció que debía ser leído en tu casa y con tu madre. El testamento dice que tu padre les ha dejado la suma de dos millones de dólares, acciones en su empresa y su casa de Los Ángeles. También ha pedido que leas esta carta, toma.” —decía  el abogado, mientras me entregaba la carta.  Impresionada con todo lo que había dicho el abogado, abro la carta y la leo.

“Querida Rose. Gracias por salir un momento horita para hablar conmigo. Estoy agradecido de poder escucharte y poder pedirte perdón por todo lo que he hecho. Sé que el dinero no comprará el tiempo que perdí, pero al menos te ayuda a pagar tus estudios en Psicología. No te preocupes, no pidas perdón, yo no tengo nada que perdonarte. Te quiere mucho, tu papá.”

 El mejor regalo, y el más apreciado de todos, es el perdón.

— Angélica D. Serrano Román

2016 ©Derechos Reservados de Sarcasmo Intelectual

 

 

US_flag_48_stars.svg  (Inglés/ English)

It’s five minutes to midnight on New Year’s Eve, when suddenly I heard the “beep” in my phone. I had gotten a text message, which said: “Where are you?  I’m out here”.  I was surprised, because I had not recorded the phone number.

—”Who are you?” — I replied.

—”Do not ask, just go outside.” — answered the stranger.

— “3, 2, 1. Happy New Year  —everyone shouted and greeted each other.

—”But, what happened? I don’t know who you are.” — I wrote.

— “Please, I just need to see you one last time.” — he responded to me.

How weird! I tried to push them aside and go outside. It was very cold. I was wearing brown boots, long sleeve shirt, hat, gloves and a scarf. I saw a shadow approaching towards me; I was curious who might be the odd person. My friends were calling me.

—”Rose, come here. It’s cold out there.” — they said.

— “Wait a minute, I’m coming.” — I answered them.  The stranger walked slowly toward me, and I was dying of cold!

—”Hey, how are you?” — the man said. He was a man of white skin tone, beard, brown hair with some gray, middle-aged, and a scar on his face.

—”Wait, who are you?” — I asked him.

—”I am John Kenneth, Rose.” — he responded to me.

— “How do you know my name?” — I asked puzzled.

—”We call you as your grandmother, rest in peace.” —  he answered.

— “How do you know my grandmother? How do you know me?” — I asked, eager to know the answer.

—”Well, I’m your father, Rose.” — he said.

—”My father? I never had a father, and I don’t have one now.” — I answered.

—”I know that sounds hard, I never …” — he tried to speak, but I cut him off.

—”I don’t know with what face you are coming up here, up to my house. I never need you and now I don’t need you either. Where have you been when I most need it? Were you in my graduation? Where were you a year and a half ago when I went to college? Where you were when I took my first steps, or when I said my first words? You were not my partner in my fifteen party.  You were not there with mom while she was suffering. You abandon me! Both!” — I yelled at John.

Forgive me Rose if I was not when you were born, when I had to support your mother. I didn’t see you grow either, seeing you saying your first word, or when you took your first steps. To scold you when you get your first tattoo, or protect you from men like me, who are worthless. Forgive me for not being there for you. Forgive me for not being at your graduation and not going with you to the college application. But I ask forgiveness for not coming to your wedding, not finishing watching you become an adult woman, not to see my grandchildren, and waste my life on luxuries and ambitions. Forgive me for not knowing what to do and not be a man to take my responsibility.” — John finished saying, while he gave me a hug, and left. I felt bad. I have reasons, but I should not talk to him in that way.  I think I’ll.. behind him to apologize. In that, the alarm sounds.

— “Rose, wake up, it’s December 31 and we have to finish the house for the party tonight.” — said my mother.

—”The party is tonight?” Today is not January 1st? “— I asked disoriented.

—”What are you talking about girl?  Arise, even while asleep  you talk?” —she replied laughing at me.

How weird! Today was not January 1st? A few minutes ago I was talking to my father, I don’t understand. I think it was a dream, but no, it was too real!

—”Ring”— the phone rang in the house.

—”Hello, Mary speaks. Yes, here she lives. Oh, don’t tell me that. That’s fine, I will talk with her. Thanks for your call!” — I heard my mother said.

—What happened? “— I asked.

—“Rose, your father died this morning. His lawyer just called to read the will, and need to speak with you.” — she said.  Two hours later, the attorney comes and sits on the couch.

—“Rose, I know it is hard for you to hear that your father passed away. Sorry, but I came here because I need to read your father’s will. He said that this needs to be read at your home with your mother. The will says that your father has left you the sum of two million dollars, shares in his company and his home in Los Angeles. He also wanted you to read this letter, here you go.” — the lawyer says. Impressed with what the lawyer said, I opened the letter and read it.

“Dear Rose. Thank you for the minutes you talked to me. I’m grateful to hear you and to apologize for everything I’ve done. I know that money does not buy the time I lost, but at least it helps you pay your studies in Psychology. Do not worry; I don’t have anything to forgive you. Who loves you, your dad.”

 The best gift, and the most prized of all, is forgiveness.

 — Angélica D. Serrano Román

2016 ©Derechos Reservados de Sarcasmo Intelectual

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