Rumpelstiltskin: Como nadie lo había contado

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En las historias comunes, aquellas que le han contado a los niños y que sean las que quizás conozcas, yo soy el duende malvado. Les contaré mi versión de la historia, veremos cómo opinan ahora. La historia común cuenta que un molinero pobre tenía una hija. El molinero fue ante el rey para decirle que su hija podía convertir paja en oro. Es algo ilógico, ¿no crees? Imagina que eres el padre de una chica que puede hacer paja en oro, ¿acaso no hubieses buscado mucha paja y así dejar de ser pobres? ¡Claro que es algo ilógico! La verdad es que el padre de la chica se había convertido en un hombre abusador, ambicioso y alcohólico. El padre de la chica la maltrataba y le pegaba. Cuando se enteró que la madre había fallecido se refugió en la bebida, gastando así todo el dinero que generaban. Antes de nacer, la madre de la niña le dejó un collar y una sortija de oro para sus quince años. Realmente notas que el padre de la chica era un inconsciente cuando además, permite que el rey la encierre en una habitación hasta que convierta la paja en oro, cuando él sabe que nunca podría llegar a hacerlo. Fue la mejor oportunidad para deshacerse de ella. Si la chica no convertía la paja en oro al amanecer ella moriría. Me enteré de lo que le había sucedido y fui hasta donde estaba encerrada. La encontré llorando sentada en la rueca.

— Buenas noches niña. ¿Por qué lloras? — le pregunté.

—Tengo que convertir toda esta paja en oro y no sé cómo hacerlo. — me respondió asustada.

— ¿Qué me vas a dar si lo hago por ti? — le volví a preguntar, pero yo sabía ya que quería.

—Tengo un collar de oro. — me respondió.

     En realidad lo hice por ayudarla. Si puedo convertir paja en oro podría hacer collares, brazaletes, castillos y edificios hechos de oro también. ¡Pero manos a la obra! Al amanecer toda la habitación estaba llena de oro.  Cuando el rey volvió y encontró todo el oro su corazón endureció. El rey se volvió codicioso como el padre de la chica. Otra vez la envió a una habitación llena de paja, pero esta vez, la habitación era más grande. A la noche volví hasta donde se encontraba la niña y otra vez andaba llorando encima de la rueca.

— ¿Qué me darás a cambio si giro la rueca una vez más? — le pregunté.

— Mi sortija de oro. — respondió.

     Tomé la sortija y comencé a trabajar, al amanecer toda la habitación estaba llena de reluciente oro. El rey estaba encantado pero no creía que tenía suficiente oro y volvió a encerrar a la chica con más paja. Además, prometió que se casaría con ella si cumplía nuevamente. Esa noche volví al castillo hasta donde estaba la hija del molinero.

— ¿Qué me darías si vuelvo a ayudarte? — le pregunté.

—Ya no tengo nada que ofrecerte. — dijo la chica.

—Entonces prométeme que cuando te cases y tengas tu primer hijo, me lo darás. — le respondí y ella aceptó.

     ¡Qué irresponsable! Me prometió lo más preciado que podría tener una mujer, un hijo. La hija del molinero pensó en que nunca tendría un hijo, así que prometió entregármelo para poder salir de su problema. A la mañana siguiente toda la habitación estaba llena de oro y el rey cumplió su promesa, se casó con la bella hija del molinero y ella se convirtió en una reina.  Un año después la reina tuvo a luz a una hermosa niña, pero se había olvidado de nuestra promesa. Fui a visitarla para llevarme a su hija pero ella se asustó y comenzó a ofrecerme todas las riquezas del reino a cambio de conservarla. ¿Para qué me ofrece dinero y riquezas? ¡Ya los tengo! Yo sólo quería a su hija. Ahí recapacitó de sus actos y se lamentaba, por eso es que hay que pensar antes de actuar. Fui bueno con ella y le dí tres días de gracia. En ese tiempo tenía que adivinar mi nombre y si lo acertaba podría quedarse con ella. Estaba seguro de que no podría acertarlo puesto que mi nombre no es tan sencillo como José, Juan o Pedro. La reina pasó toda la noche anotando nombres y envió mensajeros del reino para averiguar mi nombre. Al día siguiente pasé para ver cómo le había ido y efectivamente ninguno de ellos era mi nombre. Tras no adivinarlo volvió a enviar mensajeros y a escribir nombres extraños, pero nuevamente ninguno era el mío. Al tercer día la reina volvió  a enviar a sus mensajeros y uno de ellos regresó a contarle algo que había visto.

— No he sido capaz de encontrar un nombre nuevo, pero vi en una montaña alta una casa con una chimenea y un hombre pequeño cantando. Decía: Hoy horneo, mañana habrá cerveza. Luego tendré al hijo de la reina, porque nunca nadie supo que me llamaba Rumpelstiltskin. — le contó el mensajero. En realidad nunca pensé que sus mensajeros llegarían hasta la montaña. La reina se puso feliz y cuando llegué al otro día emocionado para recoger a la bebé comenzó a decir nombres extraños como Conrad, Caspar, Sheepshanks.

— ¿Podría ser Rumpelstiltskin? — preguntó la reina.

     ¡Estaba molesto! ¡Estaba tan molesto que hice un hueco en el piso y me esfumé! En realidad nunca quise robarle el hijo a nadie, simplemente la protegía. En la historia nunca mencionaron a la madre de la reina, la princesa Esther. Sí, la madre de la hija del molinero era una princesa. Yo era el mejor amigo de la princesa, su fiel compañero. Verán, los padres de la princesa (la madre de la hija del molinero) eran sobreprotectores con ella. Nunca la dejaron tener una relación con nadie que no fuese con mucho dinero y además tenía que casarse primero. La princesa tuvo una relación a escondidas con el molinero y quedó embarazada. Sus padres quedaron desbastados y buscaron a un príncipe que se casara con la princesa pronto para disimular que había tenido un hijo sin antes haber estado casada. Como se lo imaginarán los reyes no quisieron la criatura de su hija y se la dieron al padre, es decir, al molinero. Años después la princesa vuelve a quedar embarazada pero esta vez de su esposo, el mismo bebé que es el rey con quién se casó la hija del molinero. Tras sus abuelos fallecer le dieron el reinado a su nieto porque su madre había fallecido un año luego de dar a luz. Él nunca supo que había tenido una hermana y por lo tanto, jamás supo que se había casado con ella. Todo lo que quería era tener el legado de mi mejor amiga: el collar, la sortija y proteger a su nieta. 

— Angélica D. Serrano Román

2016 ©Derechos Reservados de Sarcasmo Intelectual

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