Derecho juvenil

Corruption

 

            Hemos oído hablar tanto acerca de lo que es un derecho y lo que es un privilegio. ¿Cómo los diferenciamos? Un derecho se define como todo el sistema normativo que regula la conducta humana dentro de la sociedad y tiene como base los principios de justicia, y en un plano más complejo, el de igualdad. Un privilegio se le domina como ventaja, gracia o prerrogativa especial de la que goza una persona. El joven, tras que no tiene muchos derechos, no se hacen cumplir.

 

            El primer derecho del joven es el de la identidad. La juventud de mi país tiene el derecho de ser quien desean ser y desempeñarse en lo que quieran realizar. No importando su aspecto físico, valores ni “intelectualidad’. El joven tiene el derecho de no ser juzgado por la sociedad. Lamentablemente no es considerado así. Esto comienza en el hogar con el rechazo de sus padres y/o familiares. Luego pasa a sus instituciones académicas, donde sus compañeros buscan algún “defecto en su yo”. Hay casos en los que hasta en la universidad y en la vida laboral continúa esta práctica. Si esto no se detiene a tiempo, estaremos forjando individuos inseguros y de baja autoestima a consecuencia de tanta discriminación social.

 

            El segundo derecho del joven es la autonomía. La autonomía se define como la condición y estado del individuo, comunidad o pueblo con independencia y capacidad de autogobierno. Hay muchas personas y en su mayoría adultos, que creen que el joven no es capaz de tomar decisiones importantes si no es hasta que tenga la mayoría de edad. Si es cierto que una persona con más años de experiencia  puede tomar una mejor decisión que una persona que recién comienza su vida, pero a veces es necesario pasar por el proceso, ya que en los años de experiencia se aprenden cosas que si no es “a cantazos” no se aprende. Por ello hay un dicho muy conocido que dice: “Nadie escarmienta por cabeza ajena.” Las decisiones más comunes que toma un joven se definen en si trabajar, estudiar o ambas, si hacerse ese tatuaje o “piercing” que tanto les gusta, a qué universidad entrarán, si mantendrán una relación con alguna pareja, si tendrán una buena salud sexual con la misma, si ahorrar o gastarse todo el dinero, si salir con sus amigos o quedarse estudiando, quedarse en Puerto Rico o marcharse a los Estados Unidos, entre otros. Estas decisiones, por muy tontas que se vean para los padres, son vitales para nosotros, porque muchas de ellas nos afectarán positiva o negativamente a corto o a largo plazo. El joven tiene el derecho de decidir qué hará con su vida y tomará la decisión que entienda que mejor le convenga, teniendo en cuenta que todas las decisiones que tomamos traen consecuencias.

            El tercer derecho lo es el de amar y ser amado. Cada persona tiene el derecho de no solo escoger a su pareja, sino que también a sus amigos. Esto no se puede basar en la discriminación por la clase social, tampoco por su género ni mucho menos su raza. La sociedad debe permitir al joven escoger a esa persona con la que se sienta cómodo, seguro, amado y respetado. Mucho menos debe tratar de influir en su decisión basándose en el aspecto físico o económico. Muchas veces nos han dicho que el amor se trata de un sentimiento desinteresado, la realidad es que es una necesidad. Según algunos estudios realizados por neurólogos y científicos americanos, el amor no se registra como un sentimiento tal (como lo hace el odio o la alegría), si no que se presenta de manera muy similar en el cerebro como lo hace el hambre. Por lo tanto, el joven no debe ser juzgado por sus amigos o la pareja que escoja. Escoger es su derecho.

 

            El cuarto derecho juvenil es encontrar donde desarrollar su salud espiritual. Con esto quiero decir que el joven tiene el derecho de escoger si quiere ser parte de alguna creencia religiosa o no. Nadie puede obligar a un joven a convertirse en lo que su familia, amigos o lo que la sociedad estipule. Si el joven no manifiesta algún interés por ahora, debe darle espacio a encontrarse consigo mismo y hallar un lugar en el cual se sienta a gusto. Si decide pertenecer a la religión cristiana, por ejemplo, no se puede discriminar si decide inclinarse por la religión católica, evangélica, pentecostal, entre otras. Aunque no le veamos el sentido debemos respetar, aunque no apoyemos o respaldemos esa creencia.

 

            El quinto derecho del joven es ser escuchado, aun cuando difiera del adulto. Aunque suene patético para algunas personas, el joven debe tener una figura que lo escuche. Sería perfecto que pudiera contar con sus padres, que tenga la confianza de abrirse a ellos, pero lamentablemente no se desarrolla mucho en el hogar ese tipo de confianza. Muchos dicen que es porque al intentar expresarse, el padre aprovecha el rol de adulto para interrumpirlo, reprenderlo y sacar sus propias conclusiones sin este haber concluido. Esta desconfianza provoca que el joven recurra a otro familiar, a un amigo o a incluso un maestro que le escuche. Si ser escuchado no fuese una necesidad, no existieran los psicólogos. El no ser escuchado fomenta la depresión y otras enfermedades mentales que podrían llegar a causar la muerte. Tanto así que en Puerto Rico, el pasado año, se publicó en el periódico El Nuevo Día un reportaje el cuál exponía que los intentos suicidas fueron la segunda causa de intoxicación entre los casos atendidos por el Centro de Control de Envenenamiento de Puerto Rico.

 

            El sexto derecho lo es la participación. El joven tiene el derecho de participar de actividades, ya sea en su institución académica o en la comunidad. También tiene el derecho de integrarse a un grupo al cual se identifique, tales como: baile, canto, arte, deporte, música, comité de reciclaje, voluntario para alguna labor social, entre otros. Además de desarrollarse como persona, estimula la integración con otros y fomentar el compañerismo y la unión. Forjaremos jóvenes líderes y no jefes, esos que mandan pero trabajan.

 

            El séptimo derecho lo es el estar informado. A un joven no se le puede negar el poder del conocimiento. He oído hablar de personas que les incomoda ver a un joven leyendo el periódico y opinar acerca de algún tema. Rápidamente el joven es visto como ignorante y por lo tanto no es considerado. Sin importar cuan intelectual seas y cuanto conocimiento reflejes, no te darán exposición solo por ser joven. También he visto a adultos criticar a sus hijos por pasar tanto tiempo leyendo algún libro, viendo reportajes o documentales o aprendiendo un nuevo idioma. A veces lo categorizan como una pérdida de tiempo, no teniendo en cuenta que extremadamente importante este derecho.

            El octavo derecho juvenil es la educación, que no por estar en octavo lugar es menos importante. El joven tiene el derecho de estudiar no importando su estado económico. Tiene derecho a recibir educación de calidad, materiales, alimento en su institución y seguridad en la misma. Tiene el derecho de reclamar cuando algo no está bien y se comete alguna injusticia. También es el que escoge a que carrera dedicarse y en dónde. No cabe la influencia de otro que le diga que no por cualquier razón. Que si los escritores y los artistas se mueren  de hambre, que si los ingenieros son los que ganan dinero, que las estilistas siempre tienen trabajo, que si ser policía es arriesgado, que si los abogados ya no están ganando como antes, entre otros. ¡Cuántas cosas escuchan los jóvenes! ¡Que los dejen tomar sus decisiones! El joven tiene el derecho de tener oportunidades iguales, no con una educación selectiva y no competitiva.

            El noveno derecho del joven es al trabajo. Tiene derecho a obtener uno conforme a sus capacidades y aspiraciones. Aquí no cabe la inexperiencia y los tantísimos años que necesita. Tampoco cabe la necesidad de un bachillerato. Hay empleos que sí, obligatoriamente necesitas educación académica pero actualmente le piden un bachillerato a los jóvenes hasta para grapar papeles. Que el trabajo sea medido por sus cualidades y habilidades.  Recientemente salió en el periódico Índice, un reportaje acerca de la probabilidad de reducirles el salario mínimo a los jóvenes de 25 años o menos a $4.25. El salario mínimo actual es de $7.25 y no da para cubrir todas las necesidades de un joven. El joven necesita pagar la universidad (de estudiar en una),  gasolina y peajes, alimentos, plan médico, medicinas, misceláneos, hospedaje (de estar en uno y agua y luz si aplica) y más. Eso sin contar que hay muchas jóvenes embarazadas y muchas de ellas no cuentan con el apoyo familiar ni del padre de su hijo.

 

            El décimo derecho juvenil es el error. Dicen que es de humanos cometer errores, pero cuando uno comete alguno es fuertemente juzgado. “¡Yo te lo dije!”, dicen muchos. Hay que mantener en claro que el joven es el más que comete errores, pero cabe recalcar que por tantos errores es que se formaron los adultos que hay hoy día. Es por ello que por más que se alienten, siempre tendrán que cometer errores para aprender, por eso es un derecho.

 

            El joven tiene el derecho al ocio y ese es el undécimo derecho. No significa que no hará nada todo el día, pero sí que tiene el derecho a disfrutar y pasarla bien. Dicen que la vida es una y no hay que ser egoístas con nuestros jóvenes. Tampoco pensar en que como no disfrutaste no puedes dejarlos disfrutar a ellos. Una vida llena de mucho trabajo con estrés no fomenta un estilo de vida saludable, así que de vez en cuando hay que darse la salida con sus amigos, en familia o con su pareja. Esto es un derecho.

 

            El duodécimo derecho es la consideración jurídica. Tienen el derecho de participar en la elaboración de las leyes que le conciernen y de ser respetado por las fuerzas del orden. Además, tan pronto cumples 18 años tienes el derecho al voto en mi país. Muchas veces el voto juvenil es menospreciado por los adultos, a veces comentan que “ellos (los jóvenes) se dejan llevar por lo primero que escuchan”. Sin embargo, hay muchos jóvenes que les encanta la política y antes de tomar una decisión tan importante como esta, analizan bien sus candidatos.

 

            El decimotercer derecho es la protección. El joven debe sentirse protegido en todos los aspectos. No debe estar expuesto a la violencia, la agresividad, violaciones, el uso de armas y drogas. La protección al joven  debe ser provista ante todo por los padres y la comunidad que lo acoge, y luego por el Estado. Tienen que identificar los diferentes tipos de perfil para ofrecer soluciones satisfactorias y duraderas. También dar seguimientos cuando exista un posible caso de discriminación, malos tratos o explotación. El país debe perseguir y castigar severamente a los autores de estas obras. Esto es un derecho.

          Aunque han de faltar algunos derechos, concluimos con trece, lo principales. Luego de haber leído tantos derechos quizás hayas pensado que estos eran privilegios. ¡Error! Los antes mencionados son derechos juveniles que como ya mencioné, pasan por desapercibido. ¿Por qué? Porque la sociedad no le interesa en lo más mínimo la juventud. Ven sus problemas microscópicos y su voz no es escuchada. Tanto talento joven que desperdicia por incumplir con algo que es su derecho. Los jóvenes son seres humanos, ciudadanos comunes. El respeto y los derechos no deben tener categoría de edad.  Que se haga valer sus derechos, ellos son el futuro de este país.

2016©Derechos Reservados de Sarcasmo Intelectual

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