A mis lectores y desesperanzados en el amor.

9 de octubre de 2016

 

A mis lectores y desesperanzados en el amor:

 

Hace 108 días redacté una carta abierta que luego decidí divulgar en los medios con dos intenciones: que su destinatario la leyera y que ustedes, mis lectores, se identificaran. La misma se llamaba: Al amor, a la vida, o a quién me destrozó ambas. En ella, mencioné que solo hay tres amores en la vida: el primero, el imposible y el de la vida. También, expliqué cada uno de ellos desde mi experiencia. Al final, le hice un llamado a mi último amor; a ese que se marchó sin darme alguna señal y porque sí. Le reclamé el porqué de su despedida, sin aceptar sus mendigas excusas; que si el tiempo, que si la libertad, y qué sé yo qué más. Esa carta que tuvo unos cuantos “rt” y “share” en las redes sociales y que provocó varias sensaciones.

Terminando la carta dije: “¿Te olvido o te espero? Quizás parezca una ingenua, pero simplemente tengo mucha fe en que aún existe un nosotros. Espero tu respuesta, sé que leerás esto”, esperanzada de que hubiera una respuesta. No, no la hallé. Amigos y personas cercanas a mí me decían que no le hablara, que lo olvidara, que en la universidad hay muchos chicos. ¿Pero qué necio escucha estas palabras? A uno siempre le queda algo de esperanza. No era tan solo que no le escribiera por qué “yo no tuve la culpa”, sino por pura jactancia, orgullo y el típico refrán de que “las mujeres no se le declaran al hombre, no le insisten y esperan por ellos”.  

Ciertamente los hombres son algo necios. Necesitan dos cantazos (y hasta diez en algunos casos) para entender lo que han hecho. Me han contado de matrimonios de años que no se dan cuenta sino hasta muy tarde de la mala decisión que tomaron. Sin embargo, mi historia no terminó aquí. Me imagino que querrán saber qué pasó con mi amor, pues fíjense, era cuestión de tiempo. Martínez está aquí, de nuevo. Aquella ingenua de la primera carta, no resultó serlo al final. Sé que muchas personas se identificaron con ella y que otros querían saber qué pasó al final. El amor se mantuvo presente y queda pa’ largo. Ni el amor, ni la vida. El amor siguió donde se quedó y la vida nos dio una lección. “Si amas a alguien, déjalo ir. Si regresa, fue tuyo y si no, nunca lo fue”… y él regresó. Por eso, no se limiten, no escuchen a nadie, que cuando tendrá que ser… será.

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¿No ha leído la otra carta? Enlace: Al amor, a la vida, o a quién me destrozó ambas.

 

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