Esa mancha ‘e plátano no la quita nadie: La Gringomatic

El pasado mes tuve la oportunidad de ir al Museo de Arte de Puerto Rico localizado en la Avenida de Diego en Santurce. Ciertamente fue la primera vez que lo visité a pesar de hospedarme a cinco minutos de allí. En general, pude apreciarlo por completo. Desde el vestíbulo, las obras del mismo, hasta la parte trasera en la que se encontraban los peces y el graderío. La exposición me pareció amena e interesante. Me llamó mucho la atención la exposición de la mancha de plátano. No era un espacio pequeño, pero tampoco era grande, era perfecto. La iluminación le daba ambiente a la exposición e incluso en el medio, había un mueble en el cual podía sentarme y observar todas las obras. No había ruido y tampoco muchas personas. La mayoría de los visitantes eran estudiantes, iban en sus uniformes y con libretas para anotar. Las obras estaban una al lado de la otra, todo muy organizado y con su descripción a mano derecha junto al nombre de la obra, artista, formato, medidas y demás.. La exposición parecía tener un tema político, patriótico y/o de reflexión.

Durante esta visita, a pesar de que me gustaron varias, seleccioné dos obras que me llamaron la atención, pero la primera fue una obra titulada Esa mancha ‘e plátano no la quita nadie: La Gringomatic. La misma fue creada en el 1998 por Carlos Dávila Rinaldi. Dávila cursó estudios en la Liga de Estudiantes de Arte de San Juan y en 1979 participó en el GLCA (Artist Apprenticeship Program) de Nueva York como aprendiz de Robert Stackhouse y Louis Lieberman. Obtuvo su bachillerato en Artes en DePauw University, Indiana en 1980. Considero que su obra es de tema político y algo patriótico debido al mensaje, pero sobre todo por la fecha de la obra. Resulta que en ese año, se llevó a cabo una protesta contra el gobierno de turno. Es decir, el Partido Nuevo Progresista. En el plebiscito por el estatus de Puerto Rico en el 1998, el 50.3% de los votantes marcó Ninguna de las anteriores ante la Estadidad, el Estado Libre Asociado, la Libre Asociación y la Independencia.

La obra está hecha en acrílico sobre lienzo a 90” x 60 ⅜ ”. Tiene líneas horizontales, verticales, en zig zag, onduladas, diagonales y utiliza formas como cuadrados y círculos. Los colores de la misma son: azul, verde, crema, marrón, rojo, blanco y negro. Sin embargo, el esquema complementario es el azul y el rojo, ya que son contrarios en la rueda de los colores. Aunque, también mantiene un esquema análogo con cinco colores, uno detrás del otro. Cabe destacar que es una pieza de arte asimétrica debido a que no se repite, no se ve el reflejo de la obra. En la armonía puedo mencionar los colores utilizados y la repetición de elementos para que la pieza sea agradable. Se puede destacar que podría tratarse de la problemática social e identidad del puertorriqueño. Las proporciones y el cuerpo del hombre en la imagen no son estilizados, no es de un hombre real y mantiene un aspecto algo cúbico. Sin embargo, es figurativa debido a que se distinguen los objetos en la obra. El énfasis está en el segundo plano, el fondo tiene colores, pero nada concreto. Considero que esta obra habla de la americanización, del colonialismo y sobre dejar la cultura. En la imagen se ve a un hombre con un anillo de un taíno y una etiqueta que dice: “Boricua”, colgado en un tendedero para “lavarlo” en una máquina que se llama la Gringomatic. El hombre carece de cabello en la cabeza,  pero no es completamente calvo. Tiene un tatuaje en su brazo izquierdo y perforaciones en los pezones y las orejas. Tiene unas gafas y vellos púbicos. Tal parece la representación del boricua actual-liberal. También se ve un mensaje que dice: “Señor, hemos tratado todo por los últimos cien años, pero la maldita mancha de plátano no se sale”. Esta obra me hace sentir rabia y a la vez orgullo patriótico. Cabe destacar que al mirar la obra, sin analizarla me pareció horrible, pero al sentarme y verla, sin asumir antes, entendí el mensaje. Me hace pensar en un Puerto Rico capaz de tomar decisiones, un Puerto Rico libre. Me hace pensar y sentir que un día podremos salir de donde estamos… por fin. Pero que quede claro, yo no soy anti-Estados Unidos. No lo odio, no quisiera matar a los americanos como muchos aquí. Una cosa es querer la libertad para tu tierra y otra muy diferente es repudiar a otros. Sí, independientemente nos usen y seamos la colonia económica.

Por otro lado, me entra ese orgullo de saber qué ha pasado tanto tiempo y no perdemos nuestra cultura y tradiciones. Saber que es Navidad y que vamos a comernos el arroz con gandules de la abuelita, el lechón con el cuerito, el flan, el tembleque y el coquito “sin bautizar”, aja’. Ya mismo llegan las Fiestas de la Calle San Sebastián, donde te encuentras a to’ el mundo. La época donde hacemos parrandas y asaltamos, pero para pedirle la mano a una paloma. Lo más curioso de todo es que le pedimos incluso subir a su nido. La mendiga paloma tiene pa’l de espacio. Solo recuerda que para entender por qué calle te metiste, tienes que bajar el volumen de la radio. ¡No se pueden olvidar los nenes vestidos de jibaritos! Sobre todo, cuando bailan la típica canción de Amanecer borincano, Verde luz o de las que trae el disco navideño que venden todos los años en literalmente, ¡todas las farmacias! Seguramente no te sorprenderá ver en esta temporada en “Estreno y sin editar”, Home Alone otra vez y por WAPA.

Y así es, queridos lectores, como la mancha de plátano que simboliza nuestra cultura, sigue latente. Sigue ahí y ninguna estadidad, libre asociación o acuerdo podrá cambiarlo. Esa mancha ‘e plátano no la quita nadie.

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